ROMANCE A LA MADRE TIERRA


No demorará la Madre
abrirme su amado seno...
Yo busqué, siempre la luz
en mi vida con esmero.

No desdeñaré la sombra
cuando repose en el suelo,
que también se nubla, a veces,
el cóncavo arco del cielo.
   
No tiré espinas de rosa...
que me las clavé en el cuerpo.
No fui débil... -¡temerario!-
que me hizo fuerte el recuerdo.
   
No puedo ahora quejarme...
pues hasta el amor fue bueno
conmigo, dándome amable
un amor que será eterno.

No demorará la Madre
abrirme su amado seno,
bajando de la sórdida
y dura cama de fuego,
en la que, en mil traiciones,
la vida me dejó muerto.

Prepárame, Madre Tierra,
sábana en tejido de heno,
almohada de anacardo
y cobertores de espliego.
Quiero, cuando llegue la hora,
todo esté por ti dispuesto.

Madre, que me cubra el aire
de los arriscados cerros
y el sol temple con cálidos
rayos... que llegue a mis huesos.

Y las rojas amapolas
crecerán sobre mi sueño,
dando a la sangre, ya ausente,
color que no tendré muerto.
Lo trigos y las retamas,
que son el color del pueblo,
seguirán arrebolando
como banderas al viento.

No quiero lágrimas huecas
cuando ya duerma en tu seno...
Mejor desearía me recuerden,
cuando reciten mis versos...
mejor, que al atardecer,
recuerden al poeta muerto.