HERIDA LA TARDE, TENGA ALEGRÍA
QUINTETOS

Desciñendo laureles en mis sienes.
Ahogándome, serpean las frías hiedras.
No habrá honores para el poeta que tienes
dentro, que hace poemas hasta a las piedras.
¡Para este poeta no habrá cesta de bienes!

Poeta, que bebe el néctar de las musas
en una misma copa de alabastro,
donde, ebrio, sueña fantasías ilusas...
Sueña con parnaso, anclado a un astro
perdido, en nubes blancas y difusas.

Quisiera disfrazar la obscuridad
inerte, que rodea noche de ébano.
¡No quiero laurel hueco en vanidad!
Ni que los versos míos vuelen en vano.
¡Soñar...! ¡Mi noche es día de eternidad!

Si la luz rompe el precinto del día,
yo quisiera preñar amaneceres.
Quisiera ver la luz en mi poesía
para que luzca en mis atardeceres
y... ¡herida la tarde, tenga alegría!