ALMA TALLADA

 

Este es el último libro publicado por mí: En su prólogo dice:   "ALMA TALLADA" es otra nueva experiencia poética, volviendo a la poesía  clásica, rimada y estrófica, que aunque nunca la ha dejado, sí había tenido en anteriores libros, (como ETERNO BUSCAR) piruetas con el verso libre, sin dejar de ser fiel a su estilo de inspirada descripción y marcado sentimiento, que llega a hacernos partícipes, a los lectores,  de la magia sensitiva y vital de nuestro poeta. En este libro hay más de 50 Sonetos y numerosos romances, que prueba su clasicismo poético.  “Alma Tallada”, se puede decir que tiene dos vertientes: una es su alma tallada por los golpes de la propia vida, y en otra vertiente, es un homenaje a la imaginería vallisoletana, expresando su admiración por las tallas de la Semana Santa de Valladolid, de la que es uno de sus cantores. Y, aunque es madera tallada, es sinónimo de alma tallada en la madera por su expresión total. Por ello incluye poemas a dicha semana Santa Vallisoletana. Ya publicó un libro titulado “Palabras Crucificadas y Valliso Letanías”, todo un canto a Valladolid y a su Semana Santa.


 

ALMA TALLADA
ROMANCE EN PENTADECASÍLABOS           

 

Talladas por las aguas y esculpidas por los vientos,

las caprichosas formas de las rocas en la montaña

semejan, al romper las flores, los pétalos muertos

que en un huracán veloz, dejarán mi alma tallada.

Agua que anega, sepulta, todas las voluntades.

Agua rociada en los llantos, de fuentes elevadas,

erosionando la calma en mis ojos fríos, enhiestos

en ladera de un sol puesto, sin ver otro mañana…

 

Hacia un mar, ávido de sal, en horizontes resueltos,

resbalan por pétreo ribazo, lágrimas saladas

por línea pretérita, en tiempo de escoplo y martillo,

tallador en sangre, negro y fuego, en una amplia llaga.

Yo los perdí, al romperse el precinto del firmamento,

y aunque la esperanza, esperanzado, todo lo alcanza,

al descubrir de aquella voraz llama, las siluetas

llenas de dolor abierto y desnudas de esperanza…

 

Vientos, ciclones vengadores, de noche despierta.

Manufacturera en tormentos, crueldad artesana.

Viento turbulento de brisa de ceniza en polvo

que anima mi deseo de vivir, sin saber de nada.

De la alocada turbulencia, a pesar del tesón,

la roca sigue yerta, por los restos... -¡como mi alma!-

a los vaivenes de marejadas de ajenos puertos,

tan frágil y tan fuerte que en roca fue transformada.

 

Húmedo por aguas inquietantes, cegado por viento,

prefiero dormir en meseta de futuros sin calma,

a caer por remolinos, por esperanzas de espectros,

sombras heridas, dejando el viento a mi alma tallada.

 


                     

HOY ESTÁ MI ATURDIDA ALMA MÁS DESPIERTA               

  

Sombras ronceras desalojan la umbra

vaguada, en recoleto valle yermo...

La luz estrena acuarela, que alumbra

tapices, cretonas, lienzos de eternos

 

tonos ocres; verdes, pardos, morados;

cromatismos espejados, al alba,

sobre rocíos vaporosos, alados,

entre la niebla, acre, que se enhebraba

 

en los espinos de la breña árida.

Se desparrama la luz, se escanciaba,

y resplandece sobre landa ácida

mientras la esperanza se descolgaba.

 

Ya no hay zozobras en mi aturdida alma,

El amanecer, renueva muy despierto,

un precinto de luz que abre la  calma

del firmamento que -¡al fin!- se ha abierto.

 

En los arriscados cerros, dorados,

reverbera una luz de azogue y ébano.

Doblando soles, del cielo colgados

en la fiesta del día desde temprano.

 

Ya se cerró la noche en su tintero.

Ya nos vistió el sol con su luz abierta.

Ya las sombras socavan su agujero.

Hoy está, mi aturdida alma, más despierta.  

 


 

  

UN DÍA DE ESPERANZA
SONETO


Cerro o volcán sin cráter abrasado,
que se alza sobre niebla densa y fría.
Su cúspide chata hace de vigía.
por las solanas de un tiempo pasado

y en los rasos y altos de  paramera...
Tampoco el cerro olvida, ni desdeña,
la landa árida ni la amarga breña,
cuidando las vides de La Ribera.


La luna, su desdén en la colina

refleja, formando sombras y flecos

que suave se extienden bajo la encina.


Se enmaraña la niebla en recovecos
y en las inversas luces de añoranza.
¡Mañana estrenaré un día de esperanza!

 


 

 

DONDE LA RAZÓN PUEDA RAZONAR

De brusca manera la luz calienta.

Restalla un arco iris en llamarada

que derrite la senda dibujada

y la opaca cristalera revienta

 

¡Despierta alma, ya nada alienta!

Golpea brusca, nueva luz, en llamada

en la aldaba de mi alma adormilada...

Las nuevas luces la mente alimenta.

        

Desbrozando la sombra en mi ladera,
abriendo la puerta de la templanza.

Que al llegar la luz llena de esperanza
cesa el buscar la luz y tanta espera   

        

de ver llegar un haz que ilumine.

La luz explota, hierve, reverberante,

sobre mi ánima cóncava y expectante

que abre luz y senda donde camine

sobre la meseta del tiempo futuro,

sin la sombra pretérita constante.
Ya haré el camino como caminante                                

con mente llena de luz, y seguro.

Los años que falten por caminar

me alejaré del valle húmedo y obscuro;

buscaré la altura y el aire más puro
donde la razón pueda razonar.

 


  

 

          COMO ROCA ESCULPIDA EN LA MONTAÑA...      

                                                          

        Te esperaré consumiendo la llamarada

        hasta que se vuelque el sol, tenue y dorado,

        sobre la ladera ocre, también quemada.

        Es la llamarada que atraviesa y abrasa

        moldeándome de fuego y sentimiento,

        como rocas esculpidas en la montaña,

        a golpe de agua y talladas por el viento.

 

        Así es mi melancólica manera de escribir...

        La vida me amasó a base de golpes,

        sangre y fuego, hasta poderme herir

        el alma y la piel, ausente de goces.

        Esculpido por huracanes veloces

        y llanto, que erosiona mi modo de vivir,

        que es agua, que talla mi modo de morir.

 


 

YA NO SIENTO LA GARRA FRÍA Y DESNUDA
SONETO

Ya  no siento la garra fría y desnuda,

del eco del silencio, en mi frente.

Ni aquellos espectros de voz ardiente,

en oquedad de mi alma inerte y muda.

 

Se adelgaza la eclosión cruel y ruda...

Se invierte el sentido de la corriente

del marcado pretérito al presente,

donde la vida despeja su duda.

 

Recuerdo tangente y muro del tiempo,

son paralelos hasta converger

al fin del negro agujero invertido,

 

Abriéndome a la luz sin contratiempo,

en la cima, admirando anochecer…

sin ecos que digan que fui vencido.

 


 

OTRA LUZ ME ALCANZA
SONETO


De los valles la muerte sosegada,
entrará en lenta y sórdida agonía...
De los montes fúnebre melodía
desliza al valle música callada.


Pentagrama de tarde suicidada
en cenital aurora de ambrosía...

De los cerros, postrero fleco del día,

se desenhebra en cúspide morada.

De mi alma la duda nacida en ciernes,
crecerá al paso de la anochecida...
Las sombras coronarán ya mis sienes,

al galope de niebla adormecida...
Soplaré con mi viento de esperanza,
que si el día se muere, otra luz me alcanza.

 


  

AGORERAS SOMBRAS 

  

Esa agorera sombra inerte de mi derrota,

nube es, de pájaros, que oculta un sol amarillo,

encogiendo el valle en obscuro rinconcillo.    

La uva preñada de mosto, entre el zarcillo explota.

 

La opaca cristalera de la tierra, en la niebla

del monte, sucumbe a unas ansias elevadas

truncada su altura, en la obscuridad alumbrada.

Con su desposada, el amante de las tinieblas

 

la noche, desdobla con negro y sereno manto,

rompiendo todo el encanto del campo temeroso

que asustado por siluetas, pulso tembloroso,

pintando de negro el altiplano vuelve el llanto.

 

Mientras llega la agorera, disfrutaré

y esperaré en esta acuarela ocre, parda,

hasta que valle, páramo, vaguada y cerro ardan,

bajo la bermeja aurora y con ella, me iré.

 

En la alentadora noche de miedos perdidos,

me reuniré con mi amada. Compartidos alientos

insuflados en la fragua que agitan los vientos

de paralelos anhelos, amando han ardido.

 

Dentro, en fugaces estrellas, amores restallando.

Y en el alma habrá luz y amor, si somos capaces.

Sombras heridas, fuera, se arraciman en haces…

Raptarnos quieren nuestro amor… y seguir reptando.

 


 

UN GRAN POEMA DE VERSOS DE AMOR

Un gran poema de versos de amor lleno

para cantarlo pegado a tus faldas,
y alborotándolas como guirnaldas
con ansias de entregarme a ti de pleno.


Mariposas por amor enlazadas,
cantando en plenitud de calma, un poema
de amor, que defino como el  Theorema
guardado en arca de sus crisálidas.

Versos de cuentas de color en rosario
de aquellas rosas rojas sin espina,
que tantas veces ensarté, divina,
para que no te faltaran a diario…

Poema en cofre de pan de oro guardado,
para ensalzar este amor transcendido;

verso en la espiral elevado y henchido,

y en esta Cima sublime afianzado.

De ser hombre, alzado a altura divina,

envuelto en volutas de tu amor cierto,
obviando agorero paraje incierto

donde, que no existe amor se adivina.

Para que veas que soy tu fiel amante,
encima de la mesa he preparado
de las cien musas el néctar sagrado
y en la rosa más roja un diamante.

Siempre te espero en la noche, impaciente,
con nuevos poemas de vino escribiendo.
De cera quemada cirios ardiendo
y celofán de verso en rosa hirviente.


La copa de mis penas beberé,

eco y silencio, antes de tu llegada,
para no quebrar la noche deseada…

tras el amargo trago, te amaré.


Que tú lo eres todo para mí, amada.

Endulzas la metáfora y colmena,
y tanta dulzura arrasa la pena

que se cae por la ladera inclinada

del pasado, cerrándolo en el olvido,
en pretéritos sin pasadas cosechas.
La historia es, y las cosas están hechas,

y para no repetirlas, han sido.


Yo quisiera anclarme en tu cuerpo hermoso
que es el culpable de mi gran locura,
y de esta pasión que, seguro se cura,
en la noche austral de aire caluroso…

Unísono suspiro recupera

la pasión desperezada, letal,

con brillo en los ojos azul metal

y la seda de tu piel que se supera.

Dando una vida apacible a los años,
más que, el  ir sumando años a la vida,
será mi fórmula secreta, querida,

sin dejar nos venzan los desengaños.

No acaba la vida, amor, con la muerte,
si plenamente te aman y has querido.
Que se muere uno más por el olvido,
y por pena, de no volver a verte.


Y si por la edad o salud, acaso,

no nos quema la pasión ya atenuada,

la piel… te amaré como siempre, amada.
Que es tan grande este amor, que no habrá ocaso.

 


 

 

DEL CAMINO SU PASADO EVOCANDO
SONETO

Del camino su pasado evocando,
desde el principio en que nace mi fuente.

Es camino de cárcavas hirientes,

simas, donde al caer sigo caminando.


De la cuesta con los pinos sombreando,

sin las luces de nuevo sol naciente.
Del ribazo adusto en pétrea pendiente,
tangencial al cielo al que estoy clamando.

Camino... ¡Camino de fuego y llanto!
Ese camino vestido de espectros,
sembrado de miedos, sombras y espanto.

Camino... ¡Camino que frena arrestos!
De la esperanza la luz esperando,

al fin del camino, que sigo andando.

 


    

 

HASTA QUE LA NUEVA LUZ SE ALCE

Luz necesita y busca mi alma.
Buscaré por cerros y  valles,

por la puerta del infinito,

y de la mañana a la tarde
aquellas encinas quemadas…
aquellas carrascas inanes
por donde se trizó mi luz

con cantidad de pompa y de alarde.


En fuego apagado consumido;
ardiendo, ardiendo y sin quemarme.

Oliendo aromas de marchitas

flores,  empapadas de sangre…
buscando aquella vereda
inexistente,  árida, inarme,
donde aún veo el eco de esa luz
enorme, y me guía hasta agostarse…

De aguas pasadas y en su orilla,
espero esa inversa luz que arde
aunque sólo sea en el recuerdo.
Una luz nunca alumbrada antes
entró por la puerta del campo,
cuando el  pulso arrítmico late
vencido. Por la derrota cansado,
porque más males no me caben


ni sé si estoy vivo o si muerto,

o si mi alma está muerta o en trance.

La luz que se abrasó en la fragua

de la aurora roja, y al viento arde,

era aquella luz que tuve en vida

tan cerca y tan inexpugnable,

que perdí el Norte del sendero

deslumbrado por luz  tan grande.


Mi mente vacía, ahíta en veneno
;
cegado el ojo en luz de esmalte

y llena de vientos mi ánfora

de arcilla recia, y no maleable;

arena y playa imaginadas

de aquellas costas de Levante

donde vi nítida la luz,

que sigo buscando incansable.


Vientos...Los vientos turbulentos

que matan las flores que nacen.

Y la brisa de pájaros, hieren

las primeras sombras cobardes,

rompiendo la silueta de grana

de las almas que en el limbo arden

sin haber, la luz, encontrado

por las lágrimas de este valle…


Mi noche, sin luz, será  eterna.

Estoy ahuyentando aves rapaces

desde que la luz, en la  encina,

ardió germinando pesares

en alma tallada de sombras

y agua de llantos incallables,

hasta encontrar la luz perdida

en aciaga jornada imborrable.


Y esa Luz...  ¡Si ya no sé cómo es!

Recuerdo el destello en la tarde

que cegada en negro tintero,

se perdió por breñas y valles;

por meseta, paramera y gándara,

hasta que decidió ahogarse
en la ribera,  iluminada
por aquella luz huida y errante.

Cielo con celaje de miedo
la meseta y el alma da alcance,
sumiendo en negrura la mente

que ni ve, razona, ni sabe

cómo la algaida y los desiertos

a mi ya árida ánima invade

sin  esperanza en recobrar

la luz que dejó de alumbrarme.


Vi la luz caer tras las encinas...

como la antorcha que ya no arde,

ahogada, en la alberca del alma

y socava ávida y chispeante,

en las cárcavas del otero,
el negro agujero rampante
en sórdida cama de tierra
hasta que la nueva luz se alce…
 


 

SOY POETA
SONETO


Soy poeta porque crucé sutilmente

el lado efímero de agrestes prosas;

rompiendo capa etérea de las cosas,

cincelando belleza refulgente.


Con mente tocada sublimemente
por el néctar de las Musas famosas,
árido alcor torné en vergel de rosas.
Paz, belleza y amor sembré entre la gente.


Poeta, ora desgarrado sentimiento,

ora estallido de estrellas ardiendo
en llamaradas que no rompe el viento.


Será siempre mi única arma escribiendo

la palabra en pulido castellano...

Versos... ¡Caricia soplada en mi mano!
 


 

EL LLANTO ES EL DRENAJE DEL ALMA
SONETO

                           

Porque el llanto es el drenaje del alma,

después de todos los llantos llovidos

en la meseta de mi alma,  perdidos

camino y destino. Rota la calma

 

en llantos de amapolas, rocío en llama,

ardiendo en fraguas de vientos vencidos

y el eco de silencios expelidos,

renegando cielos, que al cielo clama...

 

Porque el llanto es, del alma, su drenaje,

Tras tantas amapolas coaguladas,

-lágrimas, de sangre, heladas -¡oh ultraje!-

 

nada me consuela ni me da calma...

Sólo el tiempo y lágrimas agostadas...

¡Porque el llanto es el drenaje del alma!
 


 

 

RECUERDOS Y CICATRICES DESCARNADAS

 

Se cierne la eterna noche en camposanto de vivos.

De los amaneceres limpios su remanso pervivo.

No quiero continuar el sendero de rocío llorado

que trizó, descosiendo, la ilusión de nueva alborada.

¡De la herida del cielo es ya la claridad liberada!

Del túnel inverso explota la luz, que allí he buscado.      

 

En altivo cerro de esperanza, las nuevas luces,

seguirán alumbrando mañana, al que espera en los cruces

de caminos desnudos, vacíos, huecos de alabanzas,

entre los últimos hilos de gasa de la niebla.

Del agujero de la sombra, los átomos tiemblan

en siluetas que sólo la nueva luz da templanza.

 

En los ojos arde el recuerdo, el llanto y pesadillas

de los días que agostaron las flores amarillas,

en la palma de las manos quemadas, agrietadas.

De los jazmines los pétalos muertos, asfixiados,

entre el vertical humo denso, ácido y despiadado...

¡Oh recuerdo! Recuerdo, y cicatrices descarnadas.
 


 

LAS ROSAS Y SUS RAÍCES
SONETO

                 

Nadie duda que son bellas las rosas,

que a los ojos alegran y entretienen...

No vemos que la rosa, espinas tiene,

sino cuánto son las rosas de hermosas.

                                     

Siendo las rosas una de las cosas

más bonitas, el rosal raíces tiene;

que bebiendo el agua, firme sostiene,

no sólo a las ramas, sino a las rosas.

                

Del rosal, ramas floridas, embellecen

y nos adornan, gracias a sus raíces,

y es por ellas que los rosales crecen.

 

De esta rosa, admiras, su galanura

fulgente, y que en el aire airosa se ice.

Y en tierra, la causa de su hermosura.


¡TRISTEZA!
SONETO      

 

Tristeza, que destrozas mi camino

sobre tanta tormenta desatada,

nublando mi luz en la encrucijada,

tronchando cruelmente nuestro destino...

 

Tristeza, que deshizo nuestro sino

preñado de una esperanza esperada,

hacia otro sol naciente elevada

hacia praderas de rosas y vino...

 

¡Tristeza…! Tristeza por todos lados,

golpeándonos tanto que sucumbimos

cabe el estribo de alcores dorados...

 

¡Tristeza…! Tristeza porque perdimos,

siendo almas gemelas del alma asida...

Ahora, tristeza, muerto estoy en vida.
 


 

ESTOS CARDOS DEL CAMINO

ROMANCE

                  

                  

Estos cardos del camino,

mis espinas me recuerdan.

Y en la meseta de mi alma,

la esperanza desespera.            

 

Está soplando el céfiro

en esta tierra despierta.

Cansada de tanto sol

recibe amable las tinieblas.
Me encuentro exhausto, a la hora

en que llega la pereza.        

Se hace interminable el día,

y mis fuerzas no me llegan.
Te estoy llamando a gritos

en la colina desierta;

la noche está cayendo,        

las sombras ya se acercan.

Aquí te sigo buscando

y mis ojos no te encuentran.

Deambulo errante, perdido

cansado de tantas sendas.

Te he buscado por los cerros

y por la montaña enhiesta,

por el prado y por el río,

por trochas breñas y yermas.

 

Estos cardos del camino,

mis espinas me recuerdan.

Y en la meseta de mi alma

la esperanza desespera.            

 

Está creciendo la noche…

y antes de que el día perezca

se suicidará la tarde,

llenando en sombras la tierra.

No tiene espinas la rosa,                          

que todas me clavé de ella.                                                  

Y es tan largo este camino

que las noches son eternas.                        

Hace mucho que te fuiste…                    

Es tanta, tanta la espera;

y tanto tiempo el pasado...

parecen cien primaveras.

¿No volveré nunca a verte?

¿por qué ya nunca regresas?

No quiero seguir buscando

Sin encontrar respuestas.

Tantos días y tantas noches

de búsqueda y dando vueltas,

que he perdido ya la fe,              

y el alma está muda y ciega…

                  

Estos cardos del camino,

mis espinas me recuerdan.

Y en la meseta de mi alma

la esperanza desespera.            

 

Atardeceres, recuerdo,

cuando con toda la entrega,     

enredados nos amamos

cerca de aquella ladera.

Estos recuerdos, a veces,

me  explotan en la cabeza…

Tu voz escucho en la noche,

al tiempo que mi alma se hiela.           

A gritos en el silencio

te llamo y no me contestas.

Mi ánimo cae en el abrojo

aumentándome la pena.          

¿Cuándo volverás amor?

Que ya la noche está vieja

y no respondo de mi aliento,

que ni siquiera me alienta.  

Quedo sumido en la sombra

mientras baja la fría niebla.

No sufriré en otra noche…

Porque muero… si estás muerta.                   

Estos cardos del camino,

mis espinas me recuerdan.

Y en la meseta de mi alma,

la esperanza desespera.   
 


QUE SE HA DESPERTADO EL ALMA 

Sobre el tiempo dormido,

la luz hierve reverberante

al estribo del monte florido,

bajo el espacio expectante.

¡La luz el valle estira

borrando sombras perdidas

enganchadas a la encina

que fueron con la luz heridas!

 

Esa luz desbroza la colina

de siluetas negras escondidas,

enhebradas, en noche enemiga...

Iluminadas, ¡quedan sin vida!

En la ladera de mi calma,

no hay, ya, agujeros de gasa

que tiñan, entinten, el alma

de negra obscuridad aciaga.

 

Meseta de futuros tiempos

que recobra hálitos nuevos,

ante la luz, y elevo el vuelo

sumido en un nuevo sueño.

La sombra es ya absorbida,

succionada, por la luz que aspira

a retenerla en una sima,

sin turbar más mi subida.

 

En el alma suena la aldaba,

llamadora de nuevos vientos.

Séquito de la luz del alba

en brillantes átomos disueltos.

Ahuyentaron las zozobras

la claridad de la mañana.

¡Ya no habrá más sombras...             

que se ha despertado el alma!
 


 

QUE EL MUNDO PUEDA VER

  

Recuerdo cuando eclosionó la sombra,

sumiendo al mundo en eterna noche.

Tras el suicidio de luces en derroche,

entró la obscuridad que tanto asombra

 

y aniquilando la luz en las mentes,

se murió el alba antes de amanecer...

Se autodestruyó nada más nacer

aburrida de tanta alma demente…

        

Por no usar la luz para pensar,

despojada de sentido, murió.

La niebla densa y negra nos cubrió

con manto que sólo puede matar

 

la poca luz que queda en la memoria

y que me guiará por  la obscuridad.

La vi y vistió el alma de claridad

que aún puedo, por ella, contar la historia.

 

Fue como una ave nocturna agorera,

la que la brisa de sombras, soplando

y los campos y cerros inundando,

acabó con la luz que el mundo espera.

 

Sin luces, este mundo agonizaba…                     

Pero...-¡Dios mío!- ¡una luz a lo lejos...!

Es pequeña y nos llega los reflejos,

abriendo la puerta que se cerraba

        

a cualquier tipo de luz y esperanza.

Es pequeña la luz del recoveco

aquél. Mas, crece y se hace la luz eco;

se repite en el pinar en bonanza

 

Y, en los cerros arriscados, dorados,

reverbera esa luz en azogue y ébano,

reflejando la esperanza, que en vano,

quiso cegar estos campos sembrados.

 

Un célico espejo y afanes de luna

inunda de luces que rompe zozobras.

Los vientos desterrarán a las sombras,

para que nunca regrese ninguna.

        

Los ciclones vengadores, heridos,

tuvieron y sufrieron otra cruz

cuando el alba murió y llevó la luz.

Ahora, la clara luz ha vencido

        

y soplará libre de sombras, el viento,

llevándose las sombras de las almas,

que en la noche se despierta con calma

al soplar la luz, sombras y sufrimiento.

 

A  veces, la obscuridad es interna,

y no ves esa luz clara que emerge.

Abre a tanta luz  el alma y sumerge

la mente hueca, de claridad externa,

 

refléjala a los demás, para ver

claro, sin sombras de agujero profundo

¡Si siempre hubiera luz libre en el mundo!

¡Que el mundo pueda ver….!¿Puede ser? 
 


                   

 

ALMAS Y MENTES VACÍAS, DESIERTAS

 

De las almas vacías, acre desierto,

cubren las ideas ácido arenal.

La opacidad en reflexión mental

sobre verbo, y pensamiento ya muertos.


Cubren las bocas, algaidas o dunas.

Bocas cerradas, que asfixian palabras;

y las frentes vacías de abracadabras,

jeroglíficos sin razón ninguna.

 

Incapaces de ver ninguna luz

esas frentes, páramos inhóspitos,

desoladas por vientos infinitos,

y cegadas por el sol, que es su cruz.

 

Los grandes, anchos, espacios abiertos

sin luces, en las mentes se estrecharon.

Y energúmenos, la idea aplastaron

porque cuesta pensar siendo un desierto.      

 

Cíclopes de grandes ojos impares,

invidentes a luces abolidas

y en la meseta de vientos vencidas.

El entendimiento ahogado en mares

 

de manto de agua y agujeros de gasa,

bajo  cristalera opaca del orbe.

Remolinos de agua la luz absorbe

anegando calaveras que amasa,

 

cuando sólo queda esqueleto, funda.

Porque, las neuronas dimisionarias,

ya no practican discernir las varias 

opciones que a la mente no confunda…

 

Cubre al desierto un celaje agorero...

Cráneo sin cerebro domina un mundo

vacío y hueco, en el éter profundo

anestesiado el discernir primero…        

Obviando el verbo amar y la palabra,

el  segador de escarcha derretida,

no distingue la  muerte de la vida

ni sabe sembrar ni cómo se labra…. 

 

Es un genio que invierte el sentimiento.

Cegado siempre en días de noche eterna,

prohibe ilumine una mente tierna

para no intoxicar el pensamiento.

 

No habrá más precintos de luz abiertos,

para estrenar nuevos días, de luz despierta,

ni nuevos soles en almas desiertas

y dormidas… en  corazones muertos.

 

Y ese mar, de dudas y de lágrimas,

alzando amargas olas crecerá…

Olas, que el pensamiento inundará,

lo anegarán, desoyendo lástimas.

 

Vinagre amargo, de acedera, en  dientes

álgidos y en los ojos, humo denso...

Ciego por humo. Ciego en fuego intenso,

en retorcido cuero de serpientes.

 

Amargura en las almas no despiertas

que se ven extinguir en átomos que hieren;

y razón y entendimiento se mueren,

con duelos de inteligencias muertas.

 

Espirales sin rumbo de este viento

grotesco, borra el  rumor del céfiro

caliente, y el celaje en cielo zafiro

sin riberas, ni orillas, por momentos.

 

La muerte, de la noche, desposada

merodeaba sobre mentes sin credo. 

Mentes que no piensan, pero con miedo,

a la luz de la estrenada  alborada...      

 

 

Siluetas heridas, reptando su llanto,

en las escarpadas y frías cárcavas,

esperando en las alturas cóncavas              

un hálito de esperanza  y de encanto.

 

Esa esperanza, desesperanzado

se rompió y sucumbiendo a la paciencia

de los cielos, que te infunde la ciencia,

que sin luz no asumes, desmemoriado.

 

Se ensanchó un gran firmamento que asombra,

y un nuevo Génesis creará la LUZ

en planetas colocados en cruz,

exiliando eternamente la sombra.

 

Un  futuro, de amanecer preñado,

dará leyes a las palabras muertas.

Y se limpiarán las  mentes desiertas         

dejando el entendimiento sembrado.

 

Cesan de gemir silencios ocultos…

Y el eco del silencio de mi verso,

con voz iluminada, al universo

hablará, sembrando el mundo de cultos.

 

Soplando dunas en cerebro muerto,

cavando en cama de tierra la sombra,

la nueva luz a las mentes asombra.

Verbo y luz, limpian del alma el desierto.
 


 

 

EL MAR ES LAMENTO DE  SOLEDAD

  

El mar es lamento de soledad...

Canto de sirenas enamoradas,

que recuerda hueco inverso en llamaradas,

llegando el eco a mi oído con claridad.

 

Con malherido corazón estriado

llené de ánforas de mieles el alma.

Y en el laberinto perdí la calma
dejándome el pecho, tan desgarrado...                  

 

Si ayer mismo en esta orilla del mar,

te estuve llamando, a voces, por si acaso

marchaste con el impaciente ocaso...

Y en puerto azul, hoy, he vuelvo a amarrar.

 

No consigo encontrar aquella palmera,

abano gigante de amor que aireaba

nuestras mejillas, mientras yo te amaba.

Ya no encuentro nada ahora, como era.

 

Esperando he vaciado el vacío vaso

del amargor de hiel y trementina,

que fueron dejando dolor e inquina,

a errante caminante en sol y ocaso.

 

El mar es lamento de soledad...

Y gritaré entre rocas de alabastro

el dolor que desde entonces arrastro,

por la arena en desiertos sin piedad.

 

En brumas de algodón en rama envuelto,          

tu llamarada en roja luz de amante,

veo en amargura tallada en diamante

para hacer oír mi voz,  grito resuelto.

 

¡Ven mañana, amor! ¡Ven por la mañana!

Que no me vea solo en la marejada

a la hora en que mi postrer madrugada

se irá al mar, y a su infinito, sin desgana...

 

¡Ven mañana, amor! Estoy tan ansioso...

¡Tú y yo, yacer...!  Bajo astros, en la arena,

sin recordar tu marcha ni la pena,

nos amemos con pulso tembloroso.

 

Estaremos hasta que la ventana

del infinito, muestre fiel el difuso

arco iris de luz, tan rico y profuso.

Nuevo arco iris, promesa del mañana.

 

¡Nunca más te volverás a marchar...!

Nunca, mi amor, de pasión declarada...

Que consumiremos la llamarada

que triza las altas olas del mar...
 


 

 

CUANDO AGONIZABA LA TARDE  INERTE

 

Cuando agonizaba la tarde inerte,

vence, el siena del paisaje y su ocaso,

a mi sentimiento alzado, que acaso,

al orbe agasaja al huir de la muerte.

Emergerá del valle en su hendidura,

sones de muerte en ecos turbulentos…

En meseta de mi alma se alza el viento

desdibujando en la sombra  figuras.                 

 

El eco del silencio, grita lejos…

Suena mi quejido en el universo

y en la esquina doblada de mis versos,

se mantiene la sal de llanto añejo.

                  

La noche, eclosiona su negra capa

y en la cáscara abierta de la tierra,

la sombra aterriza en salmos, y aterra

a las almas sin credo que escapan…     

La esperanza, rota ya en pedazos.

Y en el magma ardiendo se desparrama

la luz, que se va cayendo y se inflama,

escapada en el espacio en cedazos.

 

Hundida la acrisoladora de almas,

el círculo del sol se parará,

cesando el viaje, la órbita arderá

desatando la ira sobre mi calma.

Y cuando el sol -la luz- pare su viaje,

por entre cárcavas negro basalto

se disputará al alma el fiero asalto,

sin reconocer razas ni linaje…

 

El eco del silencio, grita lejos…

Suena mi quejido en el universo

y en la esquina doblada de mis versos,

se mantiene la sal de llanto añejo.  

El magma y aura pura del calor

Vencerá a los dragones satánicos

que huyen con gritos y ecos agónicos,

y retornando a la tierra el amor.                   

De la tierra queda el vestido roto

y el horizonte asaz deshilachado.

El mar por olas de rango elevado

anega las costas con alboroto.

 

Son desflecados los caireles de oro,

del último amanecer luminoso.

Alba postrero, pero que aún glorioso,

deja la esperanza como tesoro         .       

Estrellas perdidas arden al viento

en las negras fraguas que el mal agita.

La constelación que de frío tirita

al explotar su fuego y alumbramiento.

 

El eco del silencio, grita lejos…

Suena mi quejido en el universo

y en la esquina doblada de mis versos,

se mantiene la sal de llanto añejo.

 

Nefasta conjunción de tierra y cielo,

la última gota agota de mi aljibe,

y el sudor postrero, de aquél que vive

con luz, esperanzado y con anhelo.  

Todo el firmamento está tembloroso

ante espadas y dagas de la niebla,

que no percibo, pero el alma tiembla,

cuando sucumbe todo lo glorioso.

 

De las noches, el idioma onírico

y sombras, son estoque lacerante,

para un amor sin luz, perdido y errante

en un desierto vergel irónico.        

En la sórdida cama de la tierra...

Colisionan comentas escapados,

todo se desploma convulsionado,

será la rebelión de astros en guerra.

                  

El eco del silencio, grita lejos…

Suena mi quejido en el universo

y en la esquina doblada de mis versos,

se mantiene la sal de llanto añejo.             

 

Carros de fuego sembrando el dolor

y cayendo en volutas celestiales,

reventando los ciegos manantiales

anegan la tierra de agua y terror.         

Del apocalipsis, estos jinetes,

sembrarán en la tierra miedo y espanto.

Y como delfines de fuego y llanto,

aniquila toda señal viviente.

 

Rasgando la celosía del celaje

de un cielo descolgado del espacio,

etéreo y gaseoso, flota despacio,

entre algodones, de gasa y de encaje.

Nebulosa galaxia claroscura,            

que se vierte en un sentido contrario,

al que el Cosmos se había movido a diario,

al final de esta tan loca aventura.

                    

El eco del silencio, grita lejos…

Suena mi quejido en el universo

y en la esquina doblada de mis versos,

se mantiene la sal de llanto añejo.
 


        

 

EL AGUA VERDE DEL HORIZONTE

 

 

Estoy siguiendo la estrella del Norte

con tan pesada carga ilusionado.

Lejos del arco iris, del horizonte,

nuestra barca con orgullo he llenado.

       

Quiero ver dónde fluye el agua verde

que me llena de canto nueva vida,

en blondas de espuma blanca, que pierde

al alma en crisol que ahoga la huída.

 

Y no te encuentro, agua que purificas,         

bajo el sutil arco en cielo irisado,

tan luminoso, que me mortificas.

Quizás la cortina verde he pasado,       

 

y aquello que creíamos nuestro horizonte,

era cerca del suelo y a fuer de altivo,

caímos a las aguas de Acaronte…

Ya, desde entonces, en la humildad vivo      

 

porque fueron pasado y aguas pasadas.

Creía poder encontrar la sumidad

donde el agua pura, en vida inspirada,

yo estaba abajo, en la profundidad.

 

Con ligero bagaje en vacío lleno.

Por la fe en Átropos,  obvié a Caronte,      

y con humildad, con corazón pleno,

hallé el agua verde del horizonte.
 


 

PORQUE SERÉ LIBRE SI SOPLA EL VIENTO

 

 

Es perdido sendero mi andadura...

El viento sacude el amargo llanto,

trocando lágrimas en dulce canto

esta noche de miedo, sin amargura.

                  

Soplaba miedos el viento tangente.

Brisa de arena trae gélido viento

llevándose, en polvo, mi sufrimiento

y la queja de rota voz ingente.                         

                     

Un pensamiento que me ata y condena:

buscar las fuerzas en mi ánimo caído...

Y  caminando entre encinas me olvido.

¡Que el viento retornó a mi paz serena!

 

Esa amargura que se llevó el viento,

trémula y temblorosa es azotada

como cardos de espina en flor morada,

que al viento mecerá su movimiento.

                  

Soledades de entintada negrura

por las sombras eternas de mis males,

de alzados átomos en espirales...

El quejido del bosque en su espesura.              

                  

Por la ventana difusa entra el viento.

Se lleva el dolor que trajo la aurora,

¡el dolor maldito de inacabada hora!

Con viento del cantil recobro aliento.

                                       

Rompe alas de valor,  el movimiento,

de obscuras bandadas de flores muertas,

y de nubes con heridas abiertas.

¡Porque seré libre si sopla el viento!
 


                 

¡MAR DE PROFUNDA NEGRURA...!      

 

Por entre el cantizal roquero,

salpicado por chumberas,

al borde de pétreo rocamar,

en la quebrada, el olor a romero

me devuelve el aire de paramera,

a pesar de que suena el oleaje del mar.

Me huele a trigo y yerbabuena

aunque mi boca sabe a sal.

 

¡Mar de profunda negrura...!

¿Por qué me persigues todavía?

¡Mar que enrojeces con la aurora!

¿Por qué no olvidas aquel día?

 

Yo, sumido en sueño inconsciente,

no pude ver la obscura negrura

del mar embravecido y rugiente.

No estaba despierto. No tenía cordura.

Mas, una eclosión de fuego fulgente

nos arrancó del pétreo rocamar...

Envuelto en humo gris y caliente,

arrastrados fuimos hasta el mar,

¡en negro agujero invertido de metal...!

 

¡Mar de profunda negrura...!

¿Por qué me persigues todavía?

¡Mar que enrojeces con la aurora!

¿Por qué no olvidas aquel día?

 

Yo no quiero acordarme, ahora,

que acrisolada ya, mi alma, en la ola

de espuma blanca, que canta

al brotar del ara negra, que espanta

mis recuerdos de mar y fuego.                                  

¡Dios! Ayuda a mi alma, ¡te ruego!

Y cubre mi ensangrentada faz

de tul puro y limpio, cual cristal.

Si cuando te necesito, Tú no estás...

¿Cómo mi alma encontrará la paz?                     

¡Mar de profunda negrura...!

¿Por qué me persigues todavía?

¡Mar que enrojeces con la aurora!

¿Por qué no olvidas aquel día?

 

¡Mar...! Envuélveme en tus oleajes.

En la espiral de tus mareas

emprenderé un nuevo viaje.

Ya no me acuerdo de nada, no creas,

vacié el contenido de mi equipaje

en el negro agujero invertido de metal...

Y desnudo a ti, mar, me presento

como cuando te empecé a mirar...

 

¡Mar de profunda negrura...!

¿Por qué me persigues todavía?

¡Mar que enrojeces con la aurora!

¿Por qué no olvidas aquel día?
 


       

 

 QUIERO MORIR CERCA DE MI MAR...       

 A Alicante
           

 Quiero morir cerca del mar, de mi mar.

 Quisiera morir, morirme despacio,

 impregnándome de todo el espacio

 donde, ante ti, aprendí a mirar.

 Se me confundirá el azur de mi mar...

 con el de tu firmamento topacio

 que enlazándose allá, en el ocaso,

 en un fuerte lazo se van a abrazar.

 

 ¡Noche sombría! ¿por qué vienes hacia mí,

 con tan claros tintes de aurora roja

 tornando a mi mar azul... de esmeralda?

 Mar vuelto de esmeralda... ¡Negro y añil!

 Tesonero me buscas sin congoja

 si... estático en pie te esperaba.
 


 

ES LA LUZ DE ALICANTE
SONETO
- A Alicante
 

La luz perdí en azares y quimeras.

No volví a ver el alba en la mañana

y la esperanza no dejó ventana

por donde en un resquicio la luz viera…

 

La luz busqué y busco en sobremanera,  

en vacías sendas, con fe sobrehumana.

Suenan en mis oídos viejas campanas

de infancia feliz. Brisa de palmeras.

 

Fatigado del camino desierto

y de noches negras, sin ver el cielo,

dormido yo me quedé como infante.

 

Soplaba en mi cara un suave Levante,

la luz de mi ciudad, vi tan despierto…

Era cierto: ¡Es la Luz de Alicante! 
 


             

TENER ESPERANZA ME DUELE A VECES
SONETO

                         

¡Tener esperanza me duele a veces...! 

El desengaño es muro de amargura.

Pobre ilusión fugaz que nunca dura

y hace acrecentar el dolor con creces.       

 

Si el Dios infinito no oyó mis preces,

al truncarse mi sesgada andadura,

en camino que elevan a la altura

átomos de almas que llorar parece.

 

Esta varga que mis fuerzas devoran,

es vida hundida en torbellino aciago;

y el viento disfrazando llanto amargo   

 

sopla lágrimas de ojos que no lloran.

Aunque quisiera notar la templanza...

¡A veces duele tener esperanza!
 


     

¡NOSTALGIA!
SONETO

     

Nostalgia, que me llevas a un camino

de nubes de tormenta desatada,

trizando la luz en la encrucijada,

rompiendo para siempre nuestro sino...

 

Nostalgia, que truncando aquél destino

de promesas de esperanza esperada,

en la cola del cometa elevada

hacia horizontes de rosas y vino...

 

¡Nostalgia! ¡Ay...! Nostalgia de aquellos prados

del párvulo amor, al que sucumbimos,

cabe el estribo de alcores dorados...

        

¡Nostalgia! ¡Ay...! Nostalgia de lo que fuimos:

dos almas gemelas del alma asidas...

Hoy, ausente tú..., mi vida y alma perdidas.
 


                   

SE VA INCLINANDO EL FIRMAMENTO
SONETO

                                        

Se va inclinando el negro firmamento,

y, de los truenos, suenan sus timbales...

Al caer la sombra por los retamales

el día se suicida de agotamiento.

 

Rasga en la noche el rayo mi tormento

rompiéndome negruras fantasmales;

y aguaceros de rotos lacrimales

trizan amapolas que lleva el viento.

 

El tangente relámpago hace que vea

esta noche con gesto más calmado...

Del mar, las olas enérgicas, golpea

 

el pétreo rocamar acantilado...

Ni mar, trueno, ni eco, rompen la calma

si sereno el rayo ilumina mi alma.
 


 

A  LA SOMBRA DE LOS PINOS DE LA EMPINADA CUESTA
Romance en Pentadecasílabos
                                  

A la sombra de los pinos de la empinada cuesta,
y en el postrer capítulo de una vida mediocre,
aquella varga inclinada y alta, mi afán sacude
sin querer subir más allá, aunque esa vida se malogre.

Del camino, amargo rastro en mi espíritu ha marcado,
rompiéndome el sino cualquier atisbo de pasiones.
Y en mi alma árida, profunda, y a veces elevada,
marcada fue la huella al rojo vivo, grito y dolores.

Los sentidos heridos en desierto caminar
y el cuerpo sin vida, cuando es más noche la noche.
Sentidos, que despiertan un cuerpo en apatía dormido,
cansado de caminar, errante con mis temores.

A la sombra de los pinos de la empinada cuesta,
sacudiré apatía, seré valiente y sin rencores,
subiré la agreste cuesta de una vida trizada.
Llegando arriba soplaré el  vinagre de amargores.

De aquél amanecer dorado la imagen me queda.
El último amanecer de una luz que perdió el orbe,
antes de que el cielo, cediendo etérea levedad,
cayera sobre mí,  preñado en sombras y terrores.

A la sombra de los pinos de la empinada cuesta,
al fin dejé de oír los ecos de fantasmales voces...
Porque, teniendo fe, la esperanza todo lo alcanza,
soy un hombre nuevo, y al fin de la vida, comparto amores.

A la sombra de los pinos de la empinada cuesta,
voy peldaños subiendo, hasta que el alma me abandone.

 



UN CANTO DE CAMPO

A Castilla
[1]

 

Teso, cabezo, tolmo, cerro,

alcor, colina, páramo y otero.

Gándara, landa, valle, ribera

breña, marjal y paramera.

 

lberca, yermo, maestral,

melojo, vaguada y tresnal.                 

Barbecho, espadaña, barbacana,

adarve, bastión y albarrana.

 

Almena, altozano, tronera,

picacho, sierra, monte y era.                

Trocha, ribazo, vistilla,

ladera, varga, estepa y gavilla.

 

Zarza, torvisco, matorrales,

carrasca, olmo y retamales.                 

Zarzagán, céfiro, malvavisco,

erial, maraña y aprisco.

 

Cardo, cañada, cantueso, espino,

tomillo, romero y pino.                 

Violeta, amapola, escaramujo,

Espliego, avena, trigo y tamujo.

 

Collado, álamo, chopo, encina,

quejigo, enebro y sabina.       

Flores silvestres y acanto.

¡Con todos, Castilla, te canto!
 


 

COMO AL HIERRO 
 

Como al hierro recio que se calienta

al rojo vivo en la fragua y se golpea;

y cuando está enalbado se le moldea

golpe a golpe, por herrero que alienta

con el fuelle, el alma blanca del hierro

candente, que se aplana, estira o encoge,

a tenor de la dirección que coge

el golpe a golpe, y si la fuerza o el yerro,

del herrero que golpea, deja mella

y tara en el recio hierro golpeado…

Así, la vida y el dolor que he pasado,

ha sido golpe a golpe mi querella,

condena, lamento, queja y mi llanto.

Pues, insaciable me maldijo mi sino

y sin piedad,  fue agregando en mi camino,

golpe a golpe, dolor  y desencanto.

Golpes de enfermedad  y de accidentes;

de soledad, de desamor, y la huida

de todo humano y divino, en mi vida

tallada y esculpida a golpes y muertes.

 

Como al rojo vivo es golpeado el hierro,

fueron los años a mí golpeándome.

Y golpe a golpe fueron moldeándome,

que ya fundido, me convertí en acero.

 

Como al hierro recio que se calienta

al rojo vivo en la fragua y se golpea;

y cuando está  enalbado, se le moldea

golpe a golpe, por herrero que alienta

con el fuelle, el alma blanca del hierro

candente, que se aplana, estira o encoge,

a tenor de la dirección que coge

el golpe a golpe y si la fuerza o el yerro,

del herrero que golpea, mella deja

y tara en el recio hierro golpeado.

Así tú, amor mío, en todo lo pasado,

eres el  fuelle que me da aire y aleja,

las nubes de tormenta desatada

en mi vida errante por el desierto.

Y aunque ya estoy a golpes tallado, es cierto,

he intentado amoldarme a ti, mi amada.     

Y enfriando el fuego, que era en mí enalbado,

con amor y avenencia hemos ardido

en ese fuego que tú has encendido,

dejándome como al hierro, colado.

          

Como al rojo vivo es golpeado el hierro,

fueron los años a mí golpeándome.

Y golpe a golpe fueron moldeándome,

que ya fundido, me convertí en acero.
 


        

            

LA SOMBRA DE LOS AÑOS DUROS

A los pínfanos2, en versos Alejandrinos o tetradecasílabos

 

La sombra de los años duros y su nostalgia,

fueron formando el alma, de buenos sentimientos,

haciéndonos fuerte ante los acontecimientos

que marcándonos fueron esa escuálida infancia.

 

Huérfanos. Los Pínfanos, nos llamamos con gracia.

Hijosdalgos españoles, por merecimiento,

son nuestros padres...y orgullosos del nacimiento

en seno de las Fuerzas Armadas de la Patria.

 

Duros años de Colegio en Colegio, pasamos:

Padrón, Las Mercedes, Madrid y Valladolid;

las pínfanas en otras plazas en buena lid.

 

Y paso a paso y golpe a golpe el camino andamos.

Formamos una familia de hermanos, tamaña...

embebidos del honor y el respeto de España.
 


 

  

LAS FLECHAS AMARILLAS
SONETO -
Al Camino de Santiago
 

Una flecha amarilla en el Camino,

tal vez una amarilla vieira o estrella,

nos guían para llegar a Compostela...

De vez en vez nos marcan el destino.

 

Y gracias a las flechas del Camino

lo podemos bien seguir sin cautela.

Algunos, que no siguieron su estela,

equivocarán su senda y su sino.

 

Debemos ser las flechas amarillas

de nuestros amigos, en su camino

por la vida. Juntos como gavillas

 

buscaremos el correcto destino...

¡Una flecha amarilla, vieira o estrella

nos lleve al Jubileo de Compostela!
 


 

VINAGRE EN LOS DIENTES HUMO EN LOS OJOS

SONETO 

 

Vinagre en los dientes, humo en los ojos,  

en la noche inclinada hacia la muerte.  

Es camino en sombras..., por no tenerte,  

al caer la aurora bermeja de hinojos...    

 

sembrándome de miedos, llantos y enojos. 

La segadora de escarchas, inerte, 

se marchó al punto mismo de perderte... 

¡Vinagre en los dientes, humo en los ojos!    

 

Vinagre de acedera hiel... ¡amargura...!

Humo negro, rojo, niebla asfixiante. 

¡Cegado de humos! ¡De bilis amargo!   

 

La escanciadora de luz, la negrura 

soplará, en vaho frío, helado, anhelante... 

¡Tu ausencia, hará mi camino más largo!
 


 

ABATIDAS LAS LUCES DEL CAMINO
ROMANCE          

 

Abatidas las luces del camino

al inclinarse la tarde de miedo,

entre vahos inertes que se enhebran

en la ladera ocre de mi destierro.

Destierro de áureos átomos de ánimas

errantes y perdidas como espectros.

Luces aniquiladas con violencia

son devueltas, al caer la tarde, al cielo.

Luces rotas, prisioneras de noche

caída, como frío manto de hielo negro,

contra la meseta de vacías almas

perdidas por la sombra, en desconcierto.

                    

Abatidas las luces del camino....

los valles se estrechan, se van muriendo.

La luz socava su cama de tierra...

Sórdido agujero negro de acero,

de firmamentos reventados, rotos,

sin estrellas, por un desamor cierto.

La estatua de la noche se apodera

desparramando, su negro tintero,

tornándose en señor de las tinieblas

sobrevolando alcor, colina y cerro,

pintando las negruras fantasmales,

pareciendo todo lo vivo, muerto.

 

La desposada de la noche, alerta,

ciñéndose a la bruma, sobre el suelo,

vigilante entre la niebla descosida

zigzaguea sobre las almas sin credo.

Sombras. Niebla. Las agoreras aves

silban silencios de muerte, de muerto.

Alimañas nocturnas nos acechan

en el final de la noche sin sueño.

 

Ya el lucero del alba asoma tímido.

La matutina aurora pinta al lucero

de resplandores dorados, y la capa

negruzca se eleva, al abrirse el cielo,

al sol que explota precintos de luz

soplando sombras, aniquilando miedos.

Las luces, inundando los caminos

de nuevo, tras la esperanza que espero...

El último fleco de la niebla densa,

lo desciñe por la ladera el cierzo,

barriendo frías estatuas escondidas

por entre las cárcavas del otero.

 

Las rosas de montaña y las malvas,

perfuman el alba de aromas nuevos.

Olor de miel fresca resbala al valle,

mezclado de tomillos y romeros.

Y el campo de rocío llorado por llantos

de esas amapolas de sangre hirviendo;

la nueva alborada pinta acuarelas

de infinitos colores...¡Ya no hay miedos!

 

La desposada de la noche huyó,

escondida por la bruma y los vientos.

Se pierde en oquedad trizando sierpes,

escupiendo humos negros en los brezos.

Recuperará mi alma ánimos perdidos.

Mas, no dejaré que me veas despierto,

¡noche segadora de voluntades!

que apagué del pasado, luz de fuego,

y por siempre el presagio de estas luces...

¡vestirá de esperanza los senderos!
 


 

A LA MISMA HORA EN QUE LA MAREA SUBE
ROMANCE  HEROICO

 

A la misma hora en que la  marea  sube,

cuando el campo se viste para el alba

y la segadora de sombras llega,

las amapolas conmigo lloraban.

 

Cuando tú te fuiste, en aquella noche

de rancio olor de muerte y de albahaca,

el campo que nos hospedó en su amor

en aquellas vespertinas veladas,  

se tornó de color obscuro, pardo;

recordándome la agonía del alma

al volar de mi lado, espectro amado,

hurtando vida, quebrando las alas.

 

¡Ay! ¡Cuánta amargura me dejaste, amor!

Y al punto el corazón no palpitaba.

Si tú no estás, es más noche mi noche

y más muerto está mi cuerpo sin alma.

Voló la brisa de pájaros negros

y entoldó de pena la tarde malva,

cuando en un abrir y cerrar de ojos

te perdí, dejando mi mano atada...

 

A la misma hora en que la  marea  sube,

cuando el campo se viste para el alba

y la segadora de sombras llega,

las amapolas conmigo lloraban.

 

Llora conmigo la amapola sangre,

pensando en aquella tarde aciaga

en que te fuiste por vereda inerte.

Un llanto amargo mis pupilas bañan

recordando aquellas tardes azules, 

las tardes, de rosas enamoradas...

cuando tú a mi amor te entregabas entera...

a una siega de alborotada calma.

Los cardos acompañan mi recuerdo,

y sus espinas en mi alma se clavan.

La tarde abanicada en lluvia y llanto,

perfumada de romero y retama,

hace el sufrimiento aún más largo, eterno;

y el bamboleo de pino y carrasca

se une, en gemido que silba hiriente,

al quejido de mi corazón, ¡que aún mana!

 

A la misma hora en que la  marea  sube,

cuando el campo se viste para el alba

y la segadora de sombras llega,

las amapolas conmigo lloraban.
 


 

DEL AGRESTE RIBAZO         

 

Del agreste ribazo su gesto adusto  

me atrae en la tarde herida de muerte,

en la esperanza, que es el deseo de verte

callando los ecos de mi llanto injusto.

Se tiñen los campos con un vaho inerte...

Y se rompe la pasarela célica

que elevaba mi sueño en tarde agónica

por viejas cicatrices de humo y de muerte.

De la puerta cerrada del camposanto

átomos de almas que gimen su silencio...

Por el muro del tiempo, rosas escancio;

plegarias, de flores, teñidas de canto..

Preñada la noche de siluetas rotas...,

la ladera de mi pena sangre mana.

Mi pulsante corazón de fibra humana

se rompe, cansado de tantas derrotas.
 


 

 ¡DEJAD DORMIR A MIS SUEÑOS!

            

 ¡Dejad dormir a mis sueños

 entre luces pintadas en el aire...!

 ¡Dejad sean estos sueños eternos

 sin las sombras de agorera ave!

 

 Dejad se hundan las taciturnas

 horas en desmenuzados átomos

 que disuelven en polvo, mis dudas,

 en sueños de día y ansias nocturnas,

 sin encontrar la puerta del campo.

 
 ¡Dejad dormir a mis sueños...!

 No despertad mi realidad

 dormida a las puertas del infierno...

 No me importa ya la verdad,

 ¡prefiero dormir un sueño intenso!

 

 La crudeza de la vida golpea

 en mi alma herida y asustada

 sin ver una rendija, aunque sea,

 de inversa luz nunca alumbrada....

 

 ¡Dejad dormir a mis sueños

 entre luces pintadas en el aire...!

 ¡Dejad sean estos sueños eternos

 sin las sombras de agorera ave!

 
¡Dejad dormir a mis sueños...!
 


  

ANTES DE CEDER EL ALMA
(A ALICANTE)                                                                                                                   

 

¡Alicante! Tú estás dentro

de la ladera de mi alma...

Te llevaré hasta la muerte,

¡y por mí serás cantada!

       

Eres, mi blanca Alicante,

de la primavera casa...

Donde, el sol, en tu mar duerme

y nace cada mañana.

 

Evocando mis sentidos

están, tu mar: verso y calma.

La playa de El Postiguet,

bajo de Santa Bárbara...

 

El puerto, el pulido paseo

de La Explanada de España,

con hileras de palmeras...,

abanos de buena palma.

 

Palmera enhiesta. Sosiego

entre brisas...noche clara...

Evocando los caballos

cartón piedra, losa a franjas...

posando para mis fotos...

y al trote yo volaba,

por ese paseo pulido,

en mis sueños de blanca ala.

 

Te debo, ¡Oh San Nicolás!

mi arraigo a la fe cristiana.

Allí recibí el bautismo

¡concatedral venerada!

 

Y, en la calle Pintor Lorenzo

Casanova, casi al alba,

entró tu luz en mis ojos...

Te la daré cuando vaya

a morir, a las orillas

de tu mar..., en tarde grana.

Antes, yo me postraré ante

La Santa Faz, y en el ara

de su altar, le adoraré

¡Antes de ceder el alma!
 


 

MI LLAMARADA

  

¡Oh mar de esmeraldas rotas por pasiones!

Olas en mar de espuma de esperanzas reventadas.

 

Sima en mar que se hunde bajo mi pie

después de elevarme en fantasías trizadas.

 

Arrecife que se agrieta por agitada ola

haciendo caer mi ánimo en desesperanza,

 

bajo los astros pulsantes de noche apagada.

Mareas paroxísticas que rompen la calma.

 

Ausencia de luz en vida de resacas...

Agujero negro en mi alma atormentada.

 

Viento de Levante que funde mis deseos

en ánfora de arena de playas imaginadas.

 

Fuego en el mar de tu cuerpo afrutado,

que abrasa en paralelo anhelo las madrugadas.

 

Fuego en mis pulsos de navegante

extinguido en tus mares de ola alborotada.

 

Mares de solitaria ola viajera

que se rompe, suave, en mi playa soleada.

 

¡Mar, fuego y viento...! Y cielo en tu cara.

La noche en el mar un gran día prepara.

 

Mar que apagas mi fuego con viento del Este,

no lo apagues del todo, deja brasa reservada...

 

...todas las noches al bajar la aurora bermeja

tienes que apagar, mar, mi llamarada. 
 


                              

EL SAUCE

 

Las brillantes ramas llorosas del sauce

se vuelcan en cascada dándome sombra,

a orillas del arroyo, cerca de su cauce,

acariciándome el murmullo que azota

a las ramas, que no puedo dar alcance.

 

Árbol atormentado como mi alma,

que tapa su tronco con las ramas

y apesadumbrado no quiere mirarme.

Yo cubro mi rostro con las palmas

de mis manos, para no deslumbrarme

del sol, que agosta la breña cercana.

 

El sauce y yo compartimos la sombra,

compartimos la angustia desde la mañana...

y todo el día se puso a mi contra.

¡Sauce, endereza tus ramas amarillas!

Yo olvidaré también mis rencillas

y miraremos al sol cara a cara,

haciendo de tu sombra, sombra alargada,

agitándose tus ramas alborozadas

sin resquemores, al caer la aurora dorada.

 

Me sonríe del arroyo su murmullo

y el sauce acaricia mis sudores,

abanicando mi frente con un susurro,

llevando en sus ramas mis dolores.

 

¡Sauce que lloras a menudo en soledad...!

¡Mi llanto a tu llanto acompañará!
 


 

EL SABOR A SAL AÚN SIGUE EN MI BOCA

    

Izado en la quebrada sumidad...

colateral es con el monte yerto

sobre este mar, como gigante muerto

pero altivo. Fiera y pétrea deidad.

 

Admirad, de las olas, el titilar

en la bahía en movimiento perfecto,

y esas luces cromáticas, de efecto

calisdoscopio,  que no ceso de mirar.

 

Al otro lado, el ribazo bajando,

y metido en la serpeante trocha

-romero, pino, carrasca,  y panocha-,

¡El oleaje del mar sigue sonando!

    

Después de descansar junto a una roca,

por atajo, a la vaguada bajando,

entre olmo, viñedo y grillos cantando,

¡El sabor a sal, aún sigue en mi boca!
 


 

        

DE LAS ARTRÍTICAS MANOS CRISPADAS
ROMANCE

                                         

De las artríticas manos crispadas,

elevando sus plegarias o quejas,

de árboles, con sus podadas ramas

desnudas..., tal mi alma cuando se apena,

suplican en callados gritos: ¡agua!

No dejan de clamar, con sed inmensa,

su melodía de agua abierta al silencio,

colinas descalzas en su ladera.

Alerta, con los puños iracundos

hacia el cielo...clavadas en la tierra,

las ramas podadas de los árboles

que esperan se riegue su sed eterna.

Inmóviles, enhiestas, implorando

con mano herida, desnuda, abierta...

 

¡A las artríticas manos crispadas

de los árboles, cantarán los poetas!

 

De la tierra sórdida, de su cama,

amenazantes como en pie de guerra,

brotan guerreras manos artríticas,

desgarradas, sin savia por las venas.

El cataclismo y agonía del paisaje

precursor del desierto que nos llega.

¡Ojalá llueva pronto a torrentes...

para que estos árboles secos beban!

Porque si no llueve enseguida, pronto,

se alzarán los árboles en la meseta,

y los puños grandes y descarnados

cansados de tanta callada siesta,

secarán los ríos y resquebrajarán

los campos medio muertos, ¡que revientan!

 

A las artríticas manos crispadas

de los árboles, cantarán los poetas!

 

¿Dónde pondrán las aves los nidos...

sin árbol, y si revienta la tierra?

 


 

LA LLUVIA

  

¡Llueve...! El páramo se moja

bajo el agua tesonera.

Por la trocha se me antoja:

¡mojada, luce más la paramera!

¡Llueve...! El goteo persiste

y lava las carrascas briosas

del gris polvo que las viste.

Brilla la quebrada rocosa

de los arriscados alcores,

como plata reluciente

en la noche mojada,

revolviendo los olores...

de prímula inexistente,

de violetas moradas

y de amapolas...¡ausentes!

 

Sólo el cardo donoso cimbrea

sus yertas flores, al tocar

la lluvia su esquelético tallo...

El céfiro otoñal, bambolea

al acanto que desde mayo

su reseca sed, guardaba...

y baila... bebiendo el agua.

La retama, que sus varillas

en tamujo otoñal convertidas,

no tiene sus flores amarillas

y recibe el agua estremecida.

El marjal severo y frío

la lluvia fina agradece.      

¡Agua limpia que con bríos

impetuosos, al marjal bendice!   

¡La lluvia sigue cayendo...!

El páramo bebiendo.

 

La algaida se disuelve,

se torna ácida ciénaga

al tocar el agua que llueve

y, el lodo todo lo anega.  

Se bañan la gándara,

la landa y la ribera;

se riegan la breña amarga

y el estribo de paramera.

Reciben la bendita lluvia

como gotas de salmodia

escapadas del acetre, en día

agrisado de melancolía.

¡Lluvia...! ¡Lluvia...! ¡Lluvia...!

Bendice a Castilla, ¡lluvia...!,

generoso don divino.

        

A pesar de mi abulia...

sigo mi mojado camino.

¡La lluvia sigue cayendo...!

El páramo bebiendo.

 


 

MI VERSO HERIDO                               

  

Ni el sueño de ala blanca, sin recuerdo.

Ni de la noche el acerbo quejido.

Ni la aurora rota, en el umbral celeste,

sin poder ver su fleco descosido,                  

harán que mi torpe voz sea callada

aunque el verso quebrado siga herido.

 

Ni el gemido del silencio, que ahoga.      

Ni el aroma del romero florido.

Ni del niño el callado y amargo llanto,

que la noche negra su alma ha encogido,

harán que mi verbo sangrante calle,

aunque hable con poemas de verso herido.

          

Ni los vivos recuerdos de ala negra.

Ni el látigo tenaz que me ha partido.

Ni los labios temblorosos, vacíos,

sin haber, caliente néctar, bebido,

harán me duerma en el silencio denso,

sin gritar al viento mi verso herido.

 

Ni el pesado y quieto muro del tiempo.

Ni el desdoblar la vida que he vivido.

Ni el ojo, de lágrima descolgada,

sin mirar otro sol amanecido,

segarán mi desquebrajada lengua,

que cantará aunque suene el verso herido.

 

Ni la tormenta de cristales rotos.

Ni la deflagración de astros perdidos.

Ni la meseta llorada de escarcha

sin, en diez semanas, haber llovido,

callarán mi voz, ya desfallecida, 

de cantar, cantar..., ¡con mi verso herido!

 


 

  

COMO COMETA EN EL PÁRAMO.- Soneto      

     

¡Dices tú! ¿Cómo no voy a ser yo poeta?

Si en subiendo a este escueto páramo,

ya se me escapa el alma de la mano...

Se va junto al hilo de tu cometa.

 

Cometa... - mi alma - como con aleta,

ya vuela alejándose del páramo

sobre las encinas, sobre lo humano.

¡Sueltas el hilo con tu mano abierta!

 

¡Volar sobre ese páramo morado...!

viendo, como halcón, mi páramo amado,

amarillo y verde, envuelto en la bruma

 

clara, agrisada, verde, obscura e inerte,

de la que emerge esa loma que abruma...

Desde el aire...¡No dejaré de verte!

 


 
APURANDO MI ATARDECER      

 

Apurando mi atardecer

entre la rojez de la aurora.

Si ya ha llegado mi hora...

¿Qué prisa puedo yo tener?

Quiero antes que el sol se vaya,

llevándose la luz de mis ojos,

llenar de equipaje el alma,

llenar, de lo que amo, su fondo.

 

Del crepúsculo de mi vida

quiero temeroso escapar...

Si siempre llega el fin del día,

mi fin, yo no puedo evitar.

Todo atardecer engendra

un luminoso día de calma.

No importa que mi día se muera...

Yo empiezo otra vida mañana.

 


NUEVO AMANECER EN EL ALMA

          

Al atardecer de mi vida,

antes de que yo me vaya,

quiero llevarme en la retina

no el ocaso, sino el alba.

Tras el herido anochecer,

siempre entre su negra penumbra,

se dispone el sol a romper

el precinto que nos alumbra...

Así, en llegando mi noche,

no todo muere y se acaba...

La esperanza hace que brote

nuevo amanecer en el alma.

Al atardecer de mi vida,

antes de que yo me vaya,

quiero llevarme en la retina

no el ocaso, sino el alba.

 



 

[1]D. Miguel Delibes, dice de este poema en carta dirigida al autor: “Aunque Castilla, en su poesía, la encuentro siempre... La Castilla que hay que estudiar en su poema “UN CANTO DE CAMPO”, tan amplia, tan precisa, tan variada, tan rica que apenas cabe en un diccionario...”

2 Pínfano/a: Ex-alumnos/as, de Los Colegios de Huérfanos de Oficiales del Ejército.